¿Qué es un sentimiento?. Ese átomo indivisible, inextricable, indefinible. Esa pequeña comezón que de una chispa inunda todo tu cuerpo y lo anega y lo rebosa. Que es parte y todo, que es diminuto e inmenso. Que no tiene más importancia fuera de tu propia individualidad, pero es la prioridad de toda tu personalidad.
Y siendo nimio y trascendente, viene con muchos sabores, puede ser lo peor y lo mejor, te anula o te ensalza, o ambas... Puedes odiar con toda tu alma o puedes amar con todo tu ser.
Estos sabores, además, tienen la rara virtud, por llamarlo de alguna forma, de poderse tornar unos en otros manteniendo sus propiedades de "calidad" y cantidad", siendo, como son, incuantificables.
No se pueden controlar. Campan por sus respetos y apetecen de su ambigüedad. Son caprichosos, arbitrarios, infantiles y empecinados. No sabemos domarlos, no podemos negarlos, no queremos ocultarlos, ni nos agrada perderlos. Ellos nos controlan, el corazón los bombea, inundando tu cerebro, entra incluso tu psique, y más profundo aún, en esas zonas de tí mismo que no te atreves a cruzar, analizar o pensar, en tus mimbres, ni eso queda fuera de esa penetración, ni siquiera lo que te asusta de tí mismo respeta.
Y me pregunto: ¿cómo nace un sentimiento?¿de dónde vienen?¿qué hace que odiemos o amemos? (Por comentar los principales). ¿Qué urdimbre existe, donde está, qué, con hilos invisibles pero irrompibles, ata un sujeto a otro?
En lo general, y para sentimientos menores, suele ser una consecuencia directa del prejuicio, del sesgo, de esos fallos de la mente que no son en realidad tales. Son, ni más ni menos, un corolario de la heuristica, ese conocimiento arcano que nos ha traído hasta lo que somos hoy y que ha garantizado nuestra supervivencia (eso sí, estadística), como especie por milenios.
Pero hay un sentimiento que expresa la Virtud en sí mismo, que concreta y atesora todas las grandiosas características del héroe, que esclaviza al humano, que le lleva al cadalso gustoso, que le ata motu propio a sacrificar su más sagrada esencia, su más preciada propiedad, su vida, en pos del bien ajeno. El mayor explotador, el más tierno dueño, el más querido amo, la entrega sin condiciones, la sublime rendición. Y siendo todo un rapto de la persona, es tan placentero en sí, que no pide recompensa, no quiere beneficio más que el beneficio de ese ser perfecto; el ser amado. No necesita correspondencia (porque el amor correspondido sólo es una fortuna, la mejor de las fortunas), porque no la necesita más allá de la felicidad del amado.
La persona que ha amado es, sin saberlo, la persona más afortunada. Si alguna vez atisbaste este sentimiento, que creemos común pero que tantos que "se gustan" o "se quieren", que conviven, que comparten su vida entera y no han alcanzado a adivinar viviendo plácidamente, cual semovientes, en lo "que se espera de uno", me entenderás. Es tan grande que vive por sí mismo. Es tan diminuto que lo puedes conservar escondido en lo mas profundo de tu ser. Es tan generoso que no necesita el amor de la persona amada. Es tan altruista que sólo existe por "el otro", y en el otro vive y se alimenta. Una llama infatigable en el periplo vital, tan perdurable como tú mismo, pues morirá contigo, eterno compañero.
Y hay quien dirá: "el amor se acaba"... ¡Tristes!, ¡mendigos!, ¡imbeciles!, los llamo yo. El amor es infinito, el amor es fractal, el amor es cuántico (no se puede medir sin perderlo). Da sentido una vez conocido y el mundo es soportable cuando se encuentra. Es paciente hasta la irresponsabilidad, es temerario aún a sabiendas de correr un riesgo mortal. Es desprendido por encima del propio interés. Es idiota pues no necesita pensar, solo ser.
No, apóstatas, el amor no se acaba. El amor perdura...porque lo que llamáis amor, no es más que interés. Y en la tragedia, más vale haber amado una vez que vivir (vivir?), sin haber amado. El amor es lo más tuyo, lo más propio, lo mejor y más alto que podrás conocer o alcanzar. ¿Tendrás el valor de buscarlo? Te advierto, porque siendo todo y nada, lo excelso, lo máximo en el mínimo espacio, una singularidad atemporal, el motor de una existencia, la esencia inconexa, tiene en su propia naturaleza una herencia paradójica. Porque es el fin y la recompensa, es amargo y dulce a la vez. Es el alfa y el omega, pero sin posible escape. Es entrópico y ordenado. Es la mayor sinrazón. Es la maldición de vivir por el otro (bendita maldición).
Cuando llega el fin de esta obtusa lotería en la que dos seres se unen por albur de un destino que no alcanzamos a entender, que nos negamos a admitir... ¡Regocíjate! Este átomo, este sentimiento, nadie te lo puede quitar, es tuyo. ¡Disfrútalo! Porque en la miseria de la desunión, no debe haber tristeza, no pude caber, pues tu sentimiento es firme, imperecedero. Es el hado dichoso que tanto te hará sufrir.Sé humano, vive, trabaja, habla, ¡ama!

