viernes, 30 de septiembre de 2016

Vagabundos

Quizás uno tiene a veces (y sólo a veces), la pulsión de escribir… de contarle al mundo aunque uno sea pequeñito en la vorágine su sentir, siendo cierto que a nadie le importa tu vida realmente salvo a los que realmente te conocen y te aprecian, o incluso no así… en cualquier caso, nada es del todo importante y la vida es como es, por mucho que nos empeñemos en libro de autoayuda, en frases grandilocuentes, en posts de Facebook de Paulo Coelho. No puedes sino vivir tu pequeña y ÚNICA existencia. No tenemos más, no necesitamos más…
Hay un concepto que nunca ví claro, el devenir, el destino, lo preorganizado, lo predicho. Ya en un estadio temprano de conciencia rechazaba la idea preconcebida de que todo ocurre por alguna razón, y me sigo resistiendo a pesar de que la correlación de sucesos es mayoritariamente favorable a darte una línea de actuación.
Quizá es la amígdala, tan acostumbrada a repetir los mismos caminos del reflejo condicionado. Quizá es el sesgo de confirmación, al que tanto nos sumimos en nuestra vida adulta… quizá es el no querer admitir que en la vida nos equivocamos, que no hay vuelta atrás, que tenemos que continuar a pesar de la adversidad. Que la incertidumbre es algo salvable, que si te manejas en condiciones, que si eres suficientemente inteligente no tendrás salvo la cibernética a tu disposición. Que la vida es un cuadro a planificar…
No es ya el caso que me ocupa. Durante años y con mucha devoción, elegí ser el dueño de mis actos. Con cabeza, con raciocinio, con sopesar qué es bueno y es malo… como se espera de alguien de mi edad adulta… El resultado??? un maremagnum de ideas inconclusas, una deriva a la heurística que tendré que confesar, nunca me ha defraudado.
De qué se trata todo esto??? Hay momentos en los que se da una epifanía, una visión, más allá de lo que esperas, más allá de lo que está dado, más allá de lo que supones que mereces, más allá de lo que se te tiene que pagar.
No es que la vida sea un trago dulce (hay quien no puede decir lo mismo, pero la suerte existe). Las más de las veces, ponemos en el tablero las cartas que nos tocaron de principio y no deseamos jugar otras, porque somos jugadores expertos del timo… (a uno mismo).
Y, sin embargo… y por mucho que uno se empeñe en vislumbrar, prever, adivinar, razonar, y anticipar los acontecimientos, la vida es una mezcla de pasado, presente y futuro. Un batiburrillo de lo que fue (que te marca), lo que eres (que en el día a día, obvias), y lo que serás (de lo que siempre estás pre-ocupado, y nunca llega a placer).
Hay momentos hermosos en los que todos esos quantos se unen, hay momentos en los que puedes recibir plácidamente todas las partes temporales, todas las variables, todos los hitos, los prejuicios, los momentos aciagos, los recuerdos distorsionados por el tiempo (amplificados o disminuidos en tanto tu posición).
Y es ese momento inesperado… porque no se espera, en que recibes (no merecidamente), una voz… y entiendes que aunque el pasado es ominoso, el pasado reciente una consecuencia (incluso más ominosa), que hubo un tiempo en que hiciste algo bien. No porque realmente lo hicieras. No porque se entendiera (pues ni tú mismo ya lo entiendes). No porque fuera mérito tuyo. No porque valgas nada más que tus recuerdos o lo que ves en tu espejo.
Hay momentos en que una voz te habla… y entiendes que amar no es pedir ni esperar. Amar es algo diferente.
Y esa voz lejana en el tiempo es una voz que es la voz que tienes dentro de ti.
Te habla de todo y de nada. No importa. Porque no esperas nada de ella y ella nada de ti.
Y en esa comunión (inconclusa por lo inesperado)… encuentras la felicidad.
La felicidad de retomar quién fuiste, quién eres, quién serás.
Es un momento efímero (en mi caso no, pero pudo serlo). Es un momento glorioso.
Reconocer… volver a conocer… con tu mochila, con sus mochilas, y, sin embargo, RE-conocer…
Alguien me dijo hace un tiempo que la vida se medía en pequeños momentos… Estoy de acuerdo (mas, sin embargo, no lo decía por eso).
Los pequeños momentos se dan cuando se dan, no se esperan, se ansían, y, sin embargo, nada tienen que ver con lo que de verdad son. Entender que la vida es una sucesión de momentos en los que lo único heroico que podemos hacer es observar, comprender, compartir y elogiar en un disfrute infinito la vida de los demás, sea la que sea (porque nadie puede opinar ahí), eso y no otra cosa es la felicidad plena.
Mucho pensamos y repensamos nuestras mentes, nuestras vidas, nuestras acciones. Vivimos en un mundo ya inventado. El ser humano es como es. Nunca lo negaré. Mi vida en parte es entenderlo. No cambiarlo. NO creo en el hombre nuevo. Me gusta el que hay, aunque pudiera cambiarle algo (seguro por incomprensión).
Por mucho que nos empeñemos… por mucho que seamos sabios… SIEMPRE habrá una persona que será tu propio Pepito Grillo… Alguien al que amarás sobre todo y a pesar de todo… y si, pase lo que pase, consigues que te hable… no necesitarás nada más.

lunes, 20 de julio de 2015

El corazón "partío" no sólo es canción.

¿Qué es vivir? Como dice un gran pensador... Somos agentes autónomos y autopoieticos. Sí, en mi caso doble autónomo para beneplácito del ínclito Montoro. O incluso triple autónomo, porque ya "vuelvo al mercado". Este es un mercado en el que nunca me he sentido a gusto. Las personas no son mercaderías, tampoco piezas de colección, ni muebles, ni joyas, ni animales de carga, esto es, no son cosas. Digo esto porque por mucho respeto que le tenga a la definición anterior, la persona (que lo es), tiene otra dimensión. Una dimensión absurda (que no conoce razón), una dimensión que no sabe de ciencias (por mucho que los procesos químicos la quieran explicar), una dimensión inmensa (no curvada), que transciende nuestros limites, que sublima nuestra humanidad. Son, como habrás adivinado, los sentimientos.

Si amas algo déjalo libre.
¿Qué es un sentimiento?. Ese átomo indivisible, inextricable, indefinible. Esa pequeña comezón que de una chispa inunda todo tu cuerpo y lo anega y lo rebosa. Que es parte y todo, que es diminuto e inmenso. Que no tiene más importancia fuera de tu propia individualidad, pero es la prioridad de toda tu personalidad.

Y siendo nimio y trascendente, viene con muchos sabores, puede ser lo peor y lo mejor, te anula o te ensalza, o ambas... Puedes odiar con toda tu alma o puedes amar con todo tu ser. 

Estos sabores, además, tienen la rara virtud, por llamarlo de alguna forma, de poderse tornar unos en otros manteniendo sus propiedades de "calidad" y cantidad", siendo, como son, incuantificables.

No se pueden controlar. Campan por sus respetos y apetecen de su ambigüedad. Son caprichosos, arbitrarios, infantiles y empecinados. No sabemos domarlos, no podemos negarlos, no queremos ocultarlos, ni nos agrada perderlos. Ellos nos controlan, el corazón los bombea, inundando tu cerebro, entra incluso tu psique, y más profundo aún, en esas zonas de tí mismo que no te atreves a cruzar, analizar o pensar, en tus mimbres, ni eso queda fuera de esa penetración, ni siquiera lo que te asusta de tí mismo respeta.

Y me pregunto: ¿cómo nace un sentimiento?¿de dónde vienen?¿qué hace que odiemos o amemos? (Por comentar los principales). ¿Qué urdimbre existe, donde está, qué, con hilos invisibles pero irrompibles, ata un sujeto a otro?

En lo general, y para sentimientos menores, suele ser una consecuencia directa del prejuicio, del sesgo, de esos fallos de la mente que no son en realidad tales. Son, ni más ni menos, un corolario de la heuristica, ese conocimiento arcano que nos ha traído hasta lo que somos hoy y que ha garantizado nuestra supervivencia (eso sí, estadística), como especie por milenios.

Pero hay un sentimiento que expresa la Virtud en sí mismo, que concreta y atesora todas las grandiosas características del héroe, que esclaviza al humano, que le lleva al cadalso gustoso, que le ata motu propio a sacrificar su más sagrada esencia, su más preciada propiedad, su vida, en pos del bien ajeno. El mayor explotador, el más tierno dueño, el más querido amo, la entrega sin condiciones, la sublime rendición. Y siendo todo un rapto de la persona, es tan placentero en sí, que no pide recompensa, no quiere beneficio más que el beneficio de ese ser perfecto; el ser amado. No necesita correspondencia (porque el amor correspondido sólo es una fortuna, la mejor de las fortunas), porque no la necesita más allá de la felicidad del amado.

La persona que ha amado es, sin saberlo, la persona más afortunada. Si alguna vez atisbaste este sentimiento, que creemos común pero que tantos que "se gustan" o "se quieren", que conviven, que comparten su vida entera y no han alcanzado a adivinar viviendo plácidamente, cual semovientes, en lo "que se espera de uno", me entenderás. Es tan grande que vive por sí mismo. Es tan diminuto que lo puedes conservar escondido en lo mas profundo de tu ser. Es tan generoso que no necesita el amor de la persona amada. Es tan altruista que sólo existe por "el otro", y en el otro vive y se alimenta. Una llama infatigable en el periplo vital, tan perdurable como tú mismo, pues morirá contigo, eterno compañero.

Y hay quien dirá: "el amor se acaba"... ¡Tristes!, ¡mendigos!, ¡imbeciles!,  los llamo yo. El amor es infinito, el amor es fractal, el amor es cuántico (no se puede medir sin perderlo). Da sentido una vez conocido y el mundo es soportable cuando se encuentra. Es paciente hasta la irresponsabilidad, es temerario aún a sabiendas de correr un riesgo mortal. Es desprendido por encima del propio interés. Es idiota pues no necesita pensar, solo ser.

No, apóstatas, el amor no se acaba. El amor perdura...porque lo que llamáis amor, no es más que interés. Y en la tragedia, más vale haber amado una vez que vivir (vivir?), sin haber amado. El amor es lo más tuyo, lo más propio, lo mejor y más alto que podrás conocer o alcanzar. ¿Tendrás el valor de buscarlo? Te advierto, porque siendo todo y nada, lo excelso, lo máximo en el mínimo espacio, una singularidad atemporal, el motor de una existencia, la esencia inconexa, tiene en su propia naturaleza una herencia paradójica. Porque es el fin y la recompensa, es amargo y dulce a la vez. Es el alfa y el omega, pero sin posible escape. Es entrópico y ordenado. Es la mayor sinrazón. Es la maldición de vivir por el otro (bendita maldición).

Cuando llega el fin de esta obtusa lotería en la que dos seres se unen por albur de un destino que no alcanzamos a entender, que nos negamos a admitir... ¡Regocíjate! Este átomo, este sentimiento, nadie te lo puede quitar, es tuyo. ¡Disfrútalo! Porque en la miseria de la desunión, no debe haber tristeza, no pude caber, pues tu sentimiento es firme, imperecedero. Es el hado dichoso que tanto te hará sufrir.Sé humano, vive, trabaja, habla, ¡ama!

Hasta siempre... esto no me lo podrás arrebatar.