Quizás uno tiene a veces (y sólo a veces), la pulsión de escribir… de contarle al mundo aunque uno sea pequeñito en la vorágine su sentir, siendo cierto que a nadie le importa tu vida realmente salvo a los que realmente te conocen y te aprecian, o incluso no así… en cualquier caso, nada es del todo importante y la vida es como es, por mucho que nos empeñemos en libro de autoayuda, en frases grandilocuentes, en posts de Facebook de Paulo Coelho. No puedes sino vivir tu pequeña y ÚNICA existencia. No tenemos más, no necesitamos más…
Hay un concepto que nunca ví claro, el devenir, el destino, lo preorganizado, lo predicho. Ya en un estadio temprano de conciencia rechazaba la idea preconcebida de que todo ocurre por alguna razón, y me sigo resistiendo a pesar de que la correlación de sucesos es mayoritariamente favorable a darte una línea de actuación.
Quizá es la amígdala, tan acostumbrada a repetir los mismos caminos del reflejo condicionado. Quizá es el sesgo de confirmación, al que tanto nos sumimos en nuestra vida adulta… quizá es el no querer admitir que en la vida nos equivocamos, que no hay vuelta atrás, que tenemos que continuar a pesar de la adversidad. Que la incertidumbre es algo salvable, que si te manejas en condiciones, que si eres suficientemente inteligente no tendrás salvo la cibernética a tu disposición. Que la vida es un cuadro a planificar…
No es ya el caso que me ocupa. Durante años y con mucha devoción, elegí ser el dueño de mis actos. Con cabeza, con raciocinio, con sopesar qué es bueno y es malo… como se espera de alguien de mi edad adulta… El resultado??? un maremagnum de ideas inconclusas, una deriva a la heurística que tendré que confesar, nunca me ha defraudado.
De qué se trata todo esto??? Hay momentos en los que se da una epifanía, una visión, más allá de lo que esperas, más allá de lo que está dado, más allá de lo que supones que mereces, más allá de lo que se te tiene que pagar.
No es que la vida sea un trago dulce (hay quien no puede decir lo mismo, pero la suerte existe). Las más de las veces, ponemos en el tablero las cartas que nos tocaron de principio y no deseamos jugar otras, porque somos jugadores expertos del timo… (a uno mismo).
Y, sin embargo… y por mucho que uno se empeñe en vislumbrar, prever, adivinar, razonar, y anticipar los acontecimientos, la vida es una mezcla de pasado, presente y futuro. Un batiburrillo de lo que fue (que te marca), lo que eres (que en el día a día, obvias), y lo que serás (de lo que siempre estás pre-ocupado, y nunca llega a placer).
Hay momentos hermosos en los que todos esos quantos se unen, hay momentos en los que puedes recibir plácidamente todas las partes temporales, todas las variables, todos los hitos, los prejuicios, los momentos aciagos, los recuerdos distorsionados por el tiempo (amplificados o disminuidos en tanto tu posición).
Y es ese momento inesperado… porque no se espera, en que recibes (no merecidamente), una voz… y entiendes que aunque el pasado es ominoso, el pasado reciente una consecuencia (incluso más ominosa), que hubo un tiempo en que hiciste algo bien. No porque realmente lo hicieras. No porque se entendiera (pues ni tú mismo ya lo entiendes). No porque fuera mérito tuyo. No porque valgas nada más que tus recuerdos o lo que ves en tu espejo.
Hay momentos en que una voz te habla… y entiendes que amar no es pedir ni esperar. Amar es algo diferente.
Y esa voz lejana en el tiempo es una voz que es la voz que tienes dentro de ti.
Te habla de todo y de nada. No importa. Porque no esperas nada de ella y ella nada de ti.
Y en esa comunión (inconclusa por lo inesperado)… encuentras la felicidad.
La felicidad de retomar quién fuiste, quién eres, quién serás.
Es un momento efímero (en mi caso no, pero pudo serlo). Es un momento glorioso.
Reconocer… volver a conocer… con tu mochila, con sus mochilas, y, sin embargo, RE-conocer…
Alguien me dijo hace un tiempo que la vida se medía en pequeños momentos… Estoy de acuerdo (mas, sin embargo, no lo decía por eso).
Los pequeños momentos se dan cuando se dan, no se esperan, se ansían, y, sin embargo, nada tienen que ver con lo que de verdad son. Entender que la vida es una sucesión de momentos en los que lo único heroico que podemos hacer es observar, comprender, compartir y elogiar en un disfrute infinito la vida de los demás, sea la que sea (porque nadie puede opinar ahí), eso y no otra cosa es la felicidad plena.
Mucho pensamos y repensamos nuestras mentes, nuestras vidas, nuestras acciones. Vivimos en un mundo ya inventado. El ser humano es como es. Nunca lo negaré. Mi vida en parte es entenderlo. No cambiarlo. NO creo en el hombre nuevo. Me gusta el que hay, aunque pudiera cambiarle algo (seguro por incomprensión).
Por mucho que nos empeñemos… por mucho que seamos sabios… SIEMPRE habrá una persona que será tu propio Pepito Grillo… Alguien al que amarás sobre todo y a pesar de todo… y si, pase lo que pase, consigues que te hable… no necesitarás nada más.
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